Muy buenos días compañeros de viaje.

Cuanto tiempo sin escribiros!. Hoy es Jueves y mañana me gustaría hacerte entrega de esta newsletter como casi cada Viernes. Ya ves, voy contrarreloj!!!.

Después de pasar unos días en Madrid (trabajando en Mad Cool) con mi proyecto paralelo (#veggiepitapoint si tienes instagram) y,  posteriormente visitar a la familia, puedes imaginar cuan cargada traigo la mochila de anécdotas y situaciones.

La familia, ese gran maestro del que todos tenemos grandes cosas que aprender si te encuentras en buena disposición de poder hacerlo.

De antemano, te pido disculpas si este relato no es tan fresco como debiera teniendo en cuenta que, quizás te encuentras de vacaciones. Si decido compartirlo contigo a pesar de su escasa ligereza, es por qué realmente merece la pena.

Ready?

En ocasiones, cuando las actuaciones que se requieren son urgentes, tu cuerpo trata de comunicarse contigo a través de diferentes dolencias (síntomas) para que efectúes los cambios necesarios tratando de recuperar el equilibrio perdido y por ende, su buen funcionamiento.

Algunos de estos mensajes se convierten en telegramas urgentes, cuando las molestias son tan intensas que nos impiden realizar nuestra vida normal. Si anteriormente no has prestado la atención necesaria, deberías interpretar la enfermedad (cualquiera que sea) como una nueva y quizás la última oportunidad que tenemos de hacer algo al respecto. Y con hacer algo al respecto, no me refiero a ir al médico y tomar la pastilla de turno que no hace más que tapar boca. Me refiero, a qué debes tomar las riendas y ser parte activa y responsable durante todo el proceso. Si realmente quieres recuperar tu salud, debes comprometerte contigo mismo y, hacer un cambio profundo en tu estilo de vida.

Y, precisamente si te lo cuento, es por qué este viaje me ha dado la oportunidad de vivenciar esta situación a través de un familiar muy cercano. Elena (nombre ficticio), lleva media vida padeciendo achaques más o menos intensos localizados en diferentes partes pero ahora, su cuerpo grita pidiendo ayuda!.

Ni soy adivina, ni tengo el poder de ver el futuro, pero si puedo decirte, que ciertos cuadros sintomáticos pueden ser precursores de un padecimiento mucho más grave si no se hace algo al respecto con urgencia. Y tal cual aquí lo escribo, le traslade este mensaje a Elena. Le informé sobre los cambios que debía realizar si verdaderamente quiere mejorar e incluso poder erradicar su dolencia, antes de que pueda adoptar otro matiz. Fui toda lo clara y precisa de lo que fui capaz. Sólo a medias conseguí contagiar la premura y digo a medias,  por qué se comprometió a realizar los cambios pero no antes del 1 de Agosto.

Tratando de invertir los papeles, si yo estuviera en esa posición y alguien en quien confío me hablara con tal claridad sobre mi delicada situación, ten por seguro que no esperaría al 1 de Agosto. Y me pregunto nuevamente….¿Por qué nos cuestan tanto los cambios máxime si son para bien?

Este caso en particular da para unos cuantos folios, pero si me empeño en resumírtelo y compartirlo contigo, es por qué estoy segura de que a más de uno y de dos os puede resonar.

Elena es una ama de casa entrada ya en sus 60 y muchos años y con unos cuantos kilitos que entorpecen sus movimientos cada vez más.  Gran parte de la labor que ha realizado durante su vida, ha sido la de cuidar a los demás. Primero a su suegro, después a sus hijos, después a su marido (ya fallecido), después a sus nietos, después a su madre (ya fallecida), después a sus hijas políticas (una de ellas con un notable retraso mental) y etc, etc, etc….Ella, siempre está ahí para los demás pero se olvida de estar para ella misma. Tiene un gran corazón y rezuma generosidad por los cuatro costados. Siempre la verás haciendo un sinfín de conservas, preparando semilleros, regando sus flores, remiendos para alargar la vida de prendas que bien podrían jubilarse, picando todo tipo de restos para dar de comer a sus gallinas y así, un laaaargo etc…. Su casa está llena, llenísima de comida (en el caso de la cocina, despensa y nevera), de sábanas en los armarios de los dormitorios, de toallas en los armarios del baño, de leña en la leñera y de un sinfín de trastos viejos y casi inservibles en una especie de trastero gigante fuera de la casa. Hasta 5 somieres oxidados pude contar en alguna ocasión.

Tratando de entender y dejando de juzgar este comportamiento, no hace mucho tiempo llegué a la conclusión de que lo que realmente la hace llenar absolutamente todo (incluido su tiempo), es un vacío casi tan grande como aquel trastero. Un vacío de vida, donde las heridas que dejo la muerte de su marido (el gran amor de su vida), no han terminado de curarse. Un vacío que, cuando se hace sentir en el estómago, trata de acallar con buenas dosis de pan y dulces que le hagan más llevadera esa existencia carente a veces de un sentido profundo, que dejó aquella ausencia.

A nivel terapéutico, este caso es un verdadero reto…

No solo por el hecho de transformar sus hábitos dietéticos, si no por trabajar y tratar de desmontar costumbres y creencias tan arraigadas, que el origen de las mismas deben remontarse a su más tierna infancia. Creencias que han marcado una trayectoria de vida y que para ella son verdades absolutas a pesar de que en no pocas ocasiones sacrifican su propia felicidad.

Ojalá y verdaderamente se comprometa a realizar el cambio que ciertamente necesita. Un cambio a muchos niveles, donde la alimentación abrirá la llave de otras puertas mucho más profundas y desde ahí, permitir que lo que tenga que expresarse encuentre la vía para poder hacerlo. Sólo permitiendo que así sea, podremos encontrar el verdadero camino hacia la curación.

Ahora toca esperar al 1 de Agosto y ver si realmente esta buena disposición termina materializándose. Acompañarla en este proceso para mi será un doble regalo. Por un lado, poder ayudar a alguien máxime si es alguien cercano a quien quieres y admiras y por otro, un caso así de complejo es una extensísima fuente de conocimiento.

El vacío, es una de las peores sensaciones que podemos experimentar. Sólo cuando entendamos de donde procede, cual es su verdadero origen, donde se encuentran sus raíces, sólo cuando logremos identificarlo, podremos comprenderlo y aceptarlo, darle cabida, sentirlo. Una vez reconocido y expresado, el vacío se transforma desapareciendo al fin de nuestras vidas.

Te dejo reflexionando….;), y con el link a un post relacionado…Otro punto de vista.

Espero como siempre que el texto aquí escrito pueda servirte de ayuda.

Nos vemos en unos días…

Con todo mi cariño,

Eva.